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La fe en nuestros miedos

                                              Transformación 

El canto del alma

Increíblemente, pasa el tiempo y uno cree que ya venció a sus demonios internos, que ya está listo para algo. Sin embargo, de pronto surgen miedos que permanecían guardados en el fondo del alma. Miedos que limitan e impiden dar un paso adelante.

Ayer fue uno de esos días que tenemos las mujeres, en los que observamos nuestros sentimientos. No los juzgamos como buenos o malos; simplemente los miramos, los sentimos y descubrimos lo que han hecho en nosotras.

Descubrimos que el miedo es un misterio. No sabemos si tuvo su origen en las primeras civilizaciones y fue transmitido de generación en generación. ¿Será una forma de aprendizaje cultural? ¿Será ancestral? ¿Será espiritual?

Sea cual fuere su origen, el miedo paraliza, limita y asusta. Nos convierte en víctimas de él. Nos aferramos tanto a nuestros temores que terminamos transformándolos en una realidad incluso antes de actuar. Es más, muchas veces tenemos fe en nuestros miedos.

“Yo creo que si le llamo se va a molestar.”

“Yo creo que me irá mejor sola que en pareja.”

“Yo creo que no volveré a amar.”

“Yo creo que si emprendo eso fracasaré.”

Como para mí lo espiritual y lo material no están completamente desligados, y creo en la retroalimentación constante entre cuerpo y espíritu, comencé a observar estos procesos de una manera diferente.

Me di cuenta de que mi propia reestructuración se vuelve cada vez más interesante. Quiero decir que, cuando muevo algo en una parte de mi vida, ello repercute en otros aspectos de mi existencia. Es como una reingeniería completa. Tal vez tome mucho tiempo, tal vez poco. Quizá incluso necesite volver una y otra vez a este proceso de transformación para seguir creciendo.

Pero hoy comprendí algo importante: no importa cuánto tiempo me tome ni si mi camino les parece extraño a algunas personas.

Descubrí que este es el momento de juntar los huesos y comenzar a cantar el canto del alma, hasta lograr que ese cúmulo de huesos se transforme en carne; hasta poder volver a correr, saltar, jugar y vivir plenamente.

Este mensaje va para ustedes, chicas de mi taller de los miércoles.

Les envío besos y mucho cariño.

Y no piensen que son únicamente ustedes quienes tienen esta tarea. Cada mujer posee un canto del alma que necesita descubrir, escuchar y desarrollar.

AUTOR:
LIC THAMARA MARTEL MIRAVAL