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Gestionando las emociones de los niños

emlciones niños

Hoy en día se aborda el tema de las emociones y su importancia en nuestra vida. Durante muchos años se ha sostenido y sobrevalorado la razón; es más, algunos profesionales, cuando se refieren a las emociones, lo hacen en términos de controlarlas, eliminarlas o suprimirlas.

Sin embargo, de acuerdo con investigadores como Paul Ekman, entre otros, sabemos que las emociones existen desde el inicio de la vida y que cada elección por la que optamos tiene como trasfondo una emoción. Están presentes al inicio de cada proyecto y también al final.

De acuerdo con las investigaciones de Sue Gerhardt, en su libro El Amor Maternal, se demuestra cómo el amor y la empatía se aprenden a través del cariño y la proximidad de la madre con su bebé. Los bebés no pueden gestionar el estrés debido a que son incapaces de deshacerse de su propio cortisol y dependen de los adultos para ello.

Para los bebés, estar lejos de su cuidador genera demasiado estrés, debido a que su supervivencia depende de la cercanía de sus padres o de quien ejerza su cuidado.

Es necesario dar una mirada al inicio de la vida del bebé, es decir, a la etapa intrauterina, donde el dolor, el estrés y otras emociones son captados por el no nato a través de la madre.

Por este motivo, cuando nos planteamos la pregunta: ¿Cómo educar las emociones del niño?, se hace indispensable tomar en cuenta el inicio de la vida de ese bebé y los cuidados durante esta etapa. Es decir, para poder educar a un bebé o a un niño, también es imprescindible cuidar y enseñar a gestionar sus emociones y actitudes a los padres.

Si el adulto a cargo no tiene una adecuada gestión emocional, los hijos suelen verse afectados por ello. Una madre que gestiona su propio nivel emocional está cuidando también el nivel emocional de su bebé.

Aquellos padres que tienen hijos en el kínder o en el colegio pueden participar en la educación de las emociones de sus hijos tomando como punto de partida lo siguiente:

Algunos puntos para trabajar las emociones:

• Permitir que los niños reconozcan sus emociones.

• Que puedan expresar sus emociones; es decir, hablar de ellas sin el temor de ser juzgados por lo que puedan sentir ante determinada situación.

• Ayudarles a reconocer qué sucede con ellos cuando expresan una emoción.

• Replantearse la forma de actuar ante la situación que generó determinada emoción.

Es óptimo que tanto padres como hijos aprendan a reconocer sus emociones, a expresarlas y a escuchar al otro.

Toda familia tiene límites. Así como los niños tienen límites dentro de la relación vincular, es necesario que los padres también conozcan los propios límites que tienen dentro de esa misma relación.

Es decir, el respeto por lo que el otro siente es fundamental, sin minimizar a ningún miembro de la familia. Asimismo, es importante comprender que parte de esta educación implica responsabilidad tanto por parte de los adultos como de los niños, cada uno dentro de su respectivo rol.

Es necesario buscar espacios de comunicación para que el niño pueda expresarse y sienta que es importante aquello que le sucede.

También es importante tener actividades en común con los hijos, donde ambos puedan disfrutar. Esto les enseña a los niños que compartir no tiene que ser un sacrificio, sino también una fuente de placer y encuentro.

Los padres, o la mayoría de las personas, tienden a generalizar. Con frecuencia generalizan actitudes de sus hijos y de los demás mediante frases como:

“Tú siempre llegas tarde”.

“Tú nunca obedeces”.

“Tú siempre gritas”.

De esta manera, el hijo queda con pocas posibilidades de hacer algo diferente; es decir, tiene menos opciones de actuar de otra manera, generándose una falsa autopercepción.

El “nunca” y el “siempre” no representan la realidad. En una situación así, padres e hijos se ven imposibilitados de ver la vida como realmente transcurre y, de esta manera, tampoco pueden reconocer los aciertos ni el esfuerzo que realizan sus hijos.

Es recomendable emplear frases como:

“A veces llegas tarde”.

o

“La mayoría de las veces llegas tarde”.

Autor: Lic. Thamara martel M