El mito de que las personas no cambian
Uno de los grandes mitos que suelen escucharse en parejas con muchos años de convivencia es: “Él no cambiará” o “Ya tiene muchos años siendo así”.
Muchas personas llegan a consulta pensando, o lo que es aún más perjudicial, creyendo firmemente que sus parejas, amigos o familiares no cambiarán jamás. Resulta curioso que nuestra mente adopte y valide esta creencia cuando todo a nuestro alrededor habla de cambio. Nuestro cuerpo se transforma constantemente: la piel se renueva, las células se regeneran y nuestro organismo atraviesa procesos continuos de renovación.
Parece contradictorio pensar que, en un universo en constante transformación, las personas que nos rodean permanezcan exactamente iguales durante toda su vida. Más extraño aún sería creer que nosotros mismos estamos excluidos de ese proceso natural de cambio.
Creencias como estas pueden mantenernos dentro de nuestra zona de confort. Si pienso que los demás no cambian, es posible que tampoco me esfuerce por hacerlo. Algunas personas incluso acuden a terapia buscando justificar su situación actual en lugar de transformarla. La resistencia al cambio suele ser una de las principales barreras para el crecimiento personal.
Los resultados de una terapia, ya sea individual o de pareja, requieren un tiempo determinado que varía según cada caso. Si bien algunas personas comienzan a notar cambios durante el primer mes o incluso después de las primeras sesiones, la profundidad y estabilidad de esos cambios dependen en gran medida del compromiso personal del paciente.
En algunos casos, el proceso puede requerir tres meses o más. En terapia de pareja, por ejemplo, intervienen dos personas con historias, costumbres, experiencias y formas de pensar diferentes. Son precisamente esas formas de interpretar la realidad, así como ciertas conductas aprendidas, las que pueden generar conflictos dentro de la relación. Por ello, se necesita tiempo para construir nuevas formas de comprenderse, comunicarse e interactuar.
A lo largo del proceso terapéutico, la persona descubre que no existe una única manera de observar el mundo. Aprende que hay múltiples formas de interpretar las experiencias, valorar las situaciones y desenvolverse en la vida.
Entre los beneficios que pueden alcanzarse mediante la terapia de pareja y los procesos terapéuticos individuales se encuentran:
• Comprender cómo se llegó a una situación determinada y qué factores contribuyeron a ella.
• Desarrollar respeto por uno mismo.
• Fortalecer el respeto hacia los demás.
• Aprender a valorarse.
• Aceptarse con mayor profundidad.
• Desarrollar una relación más sana consigo mismo.
• Aprender a perdonarse y continuar creciendo.
AUTOR: LIC. THAMARA MARTEL MIRAVAL
