La maduración es un proceso continuo de crecimiento. Sin embargo, algunas personas crecen físicamente sin asumir plenamente la responsabilidad de sus vidas y continúan dependiendo excesivamente del apoyo externo. Mantienen la idea de que no pueden afrontar por sí solas los desafíos de la existencia y, por ello, evitan darse el tiempo necesario para desarrollarse emocionalmente.
En algunos casos, buscan soluciones inmediatas para aliviar el malestar emocional. Depositan toda la responsabilidad de su bienestar en factores externos, esperando que algo o alguien elimine la depresión, la ansiedad, la angustia o la insatisfacción que experimentan. De esta manera, pueden postergar el proceso de autoconocimiento y crecimiento personal que les permitiría comprender el origen de su sufrimiento.
Temen confiar en sí mismas y desarrollar sus propios recursos internos. Cuando no encuentran el apoyo que esperan en su entorno, suelen aferrarse a sus creencias, hábitos y formas de interpretar la realidad. Así, cambiarán de pareja, pero no de expectativas; cambiarán de barrio, pero no de temores; cambiarán de amigos, pero no de pensamientos ni de expectativas catastróficas.
Los cambios externos pueden producir modificaciones parciales en sus vidas; sin embargo, el verdadero autoconocimiento solo surge a través del crecimiento personal. Crecer implica mirar hacia el interior, reconocer nuestros pensamientos, ideas y actitudes, y asumir la responsabilidad de ellos.
Durante muchos años hemos buscado culpables fuera de nosotros mismos. Con frecuencia hacemos responsables a otras personas de nuestro malestar y afirmamos: “Él me hace sentir mal” o “Ella me hace sentir mal”, sin detenernos a reflexionar sobre nuestra propia participación en esa experiencia.
Esto no significa que los demás no puedan influir en nosotros o que debamos tolerar conductas dañinas. Significa reconocer que también tenemos la capacidad de elegir cómo responder ante determinadas situaciones. En muchas ocasiones permitimos que algo nos enfurezca o nos afecte profundamente y, posteriormente, atribuimos toda la responsabilidad a un tercero.
También nos molestamos cuando alguien no comparte nuestro punto de vista y defendemos nuestras ideas como si fueran verdades absolutas. Olvidamos que otras personas pueden observar la realidad desde perspectivas diferentes. Quizá no poseemos un único punto de vista sobre el mundo; quizá cada uno de nosotros constituye un punto de vista distinto dentro de un universo lleno de posibilidades.
Es aquí donde la psicoterapia ayuda a cada persona a transformar el apoyo ambiental en autoapoyo. A través del proceso terapéutico, la persona desarrolla recursos internos, fortalece su capacidad de reflexión y descubre que posee más herramientas de las que imaginaba para afrontar los desafíos de la vida.
AUTOR:
LIC. THAMARA MARTEL MIRAVAL
